viernes, 5 de marzo de 2010

SENSIBLE

Soy muy sensible. Demasiado. Pienso mucho y todo me afecta más de lo necesario. Creo. Pensar, pensar y pensar es lo que lo hace todo desesperante. Un día, hace muchos años, estaba en casa y pensaba en que la leche del café sabía mal. Esta podrida. Lleva un mes en la nevera y yo me doy cuenta ahora. ¿Como puede ser? ¿Estaré perdiendo la memoria? voy al súper y compro otra. La cajera esta enfadada porque son las 2:05 y su turno termina a las 2. Hay una cola inmensa, La gente también esta enfadada. Los miro y no entiendo. ¿Por qué están así? ¿Tanta prisa para qué? ¿Qué les espera fuera del súper? ¿Y porque tanta mala leche? están todos podridos y no se pueden devolver. Que lastima. Le doy una tarjeta visa a la cajera. Me mira cabreada. Perdón, no me mira, mira al cielo. Bueno, a techo. Sopla. Resopla. ¿Porque cuando nos enfadamos miramos al cielo? No sabemos que hay, pero nos da paz mirarlo. A mi no. A mi me da ansiedad, angustia, miedo... como el metro, las discotecas llenas de gente, los aviones, las tormentas o las guerras. Me dan miedo los atentados, que me caiga un avión encima o morirme. Me da pánico la muerte. Todo esto me pasa por la cabeza mientras la cajera mira al techo. Ya tengo mi leche. Y que más da. Soy demasiado sensible. Estoy en el cine y durante los 5 segundos antes de que empiece la película oigo todo tipo de ruidos. Tengo calor, me duele la cabeza, me mareo y tengo que huir... Y otra vez igual... ¿porque seré tan sensible?
Un día, hace tres días... me subí por primera vez en un escenario delante de 200 personas. 60 de ellas eran conocidos y unos 30 eran amigos. Muy amigos, amigos de verdad. De esos que te acompañan toda la vida y que ves poco. Antes de subir al escenario, me entró el pánico. Sudor, nervios, el oído, me mareo... entonces, mi sensibilidad se volvió positiva y empecé a notar la energía de mi gente... salí... i allí podía sentir a mis padres, mi hermana, mis amigos... la energía era tan brutal que en 2 segundos desapareció el mareo, la angustia y el mal rollo... empecé con mi monologo, la gente reía... yo seguía... me sentía bien, arropada por los míos. Los notaba, aunque no estaba segura de si habían venido todos... cuando se abrieron las luces al final de la función... los vi. ¡Estaban! Y yo lo noté. Mi sensibilidad me ayudó esta vez. Hace mucho tiempo que no le tengo miedo al metro, a los aviones ni a las tormentas. El otro día fui al cine a ver PRECIOUS y lloré como una desconsolada y al hacerlo, me di cuenta del tiempo que hacia que no lloraba por fuera... que diver es llorar cuando no estas triste...y que bonita es PRECIOUS... Os la recomiendo. Y mi monologo también. Venir a verme, que os necesito. Voy a estar cada jueves en el TEATRENEU si mi sensibilidad se sigue portando bien y no se convierte en angustia.

Esta semana, he aprendido una lección y la quiero compartir con vosotros:

La sensibilidad nunca está de más y el que la sienta, que la cuide, que la gestione bien y que la lleve con orgullo.