viernes, 19 de diciembre de 2014

El pequeño Nicolás: el brazo tonto de la faes

Es un pájaro, es un avión, es una gaviota... ¡No! ¡Es el pequeño Nicolás! La nueva mascota del PP. Un niñato que da grima, un mini Aznar sin bigote que se hace selfies con políticos y que se cree que es el gran Gatsby. ¿Tiene una entrevista? Sí, claro, todos la tenemos; pero visto lo visto, a mí me interesa bastante poco. Lo que en realidad me importa es lo que hay detrás del monstruo. Que se saque la máscara de Darth Vader y que salga el auténtico Anakin Skywalker. El problema es que el personajillo no llega ni a Mortadelo y la tele, como siempre, ya lo ha colocado en un pedestal.
Con una entrevista donde se tira dos horas prácticamente hablando solo, la audiencia del programa Un tiempo nuevo sube más de diez puntos y es trending topic mundial. Y yo me digo: ¡pero si no dijo nada! Fue detenido, acusado de falsedad, estafa y usurpación de identidad; uno de sus más interesantes logros fue el de colarse en distintos parties como la proclamación del rey Felipe VI. ¡Eso sí tiene mérito! Y esa es una de las cosas que me gustaría saber. ¿Cómo se hace? ¿Cómo falsificas una invitación de la Casa Real? ¿Cómo entras en la Moncloa, el CNI o Las Vegas Sands? Todas estas instituciones se han apresurado a decir que no conocen de nada al pequeñín, que solo se trata de cuatro fotos sin importancia. Muy bien, si eso es cierto todavía me parece más grave. ¿Cualquier freaky se puede colar en una ceremonia como la proclamación del nuevo Rey o codearse con las altas esferas del CNI? Pues suerte hemos tenido de que el pequeño Nicolás no sea un pequeño Dexter Morgan y no se haya cargado a nadie. El jovencito solo se codea con gente de derechas y va vestido como si saliera de Cuéntame. Con chófer, guardaespaldas, rodeado de mujeres pechugonas, se presenta como una especie de superhéroe, pero, claro, a la española. Utiliza un vocabulario propio de un señor de 80 años, se manda wasaps con Jaime García Legaz hablando de «tomates» y cuenta solo lo que él quiere contar y cuando él quiere. Controla los tiempos televisivos de una forma terrorífica y fascinante, como si llevara toda la vida haciéndolo. Un pequeño Torrente con ojos azules y sonrisa inquietante al que no le gusta nada que le llamen pequeño Nicolás y que exige que le llamen Francisco Nicolás Gómez Iglesias o Fran. No, amigo, esto no funciona así, te llamaremos como nos dé la gana, que por eso estás aquí. Tu afán de protagonismo es enorme, pero te tendrías que haber currado un poquito más el personaje con un bigote, una capa, un buen logo en forma de gaviota y poderes que sean bien molones. Podrías tirar hielo al estilo Frozen sobre Catalunya y congelarnos a todos. Supongo que así es como pensabas solucionar el problema catalán, ¿no?
En fin, qué país. Ya lo veo dentro de cuatro días de bolos con Paquirrín o sentándose en el Deluxe recibiendo la entrevista que se merece. No como las que le hace Sandra Barneda con buenas palabras, educación y tacto. Durante los dos programas en directo en los que pudimos disfrutar de sus palabras, el niñato manejaba la información como un trilero de las Ramblas, y los periodistas de turno bailaban a su son sin apenas discutirle nada, en lugar de intentar desenmascararle o ir más allá. No lo entiendo, parece que les da miedo este pequeñajo que se atreve a mirar a cámara desafiante mientras amenaza a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y al ministro del Interior apoyado por un público entusiasmado que no deja de aplaudir. Por favor, que nos diga de una vez qué es lo que tiene. ¿Polaroids? ¿Vídeos comprometedores? ¿Es el amante secreto de alguien? Está claro que hay algo turbio en este pequeño Torrente, y yo lo quiero saber. Este tipo y nosotros como espectadores nos merecemos una entrevista a cuchillo y sin piedad. Quiero una cámara en su casa, conocer a sus padres, a su abuela de 90 años, con la que se supone que vive desde los 14, quiero entrevistas con exalumnos de su colegio, que la Pechotes nos hable de su relación, y quiero saber si de pequeño ya era así de repelente. Pruebas médicas de que es un auténtico megalómano o entender cómo un niño de 13 años va a mítines del PP vestido con traje y engominado. Lo quiero saber todo.
Igual la solución pasa por dejar de conceder entrevistas y abrir su propio canal de Youtube y colgar cada día un vídeo comprometedor de algún alto cargo del Gobierno. Estoy segura de que ganaría en visitas al propio Loulogio y de que los anunciantes se matarían para patrocinarlo. Pero parece que hay gente a quien no le interesa este programa. Hablo de sus creadores, los que le han visto crecer y ahora observan como la mascota ha salido del dibujo y tiene vida propia. Han creado un monstruo y ahora no saben cómo controlarlo. El pequeño Nicolás se ha convertido en el Jovencito Frankenstein y no hay quien lo pare.
Abramos ya una cuenta de Verkami para su canal de Youtube. Por favor, ¡lo necesito!

Publicado en el periódico el 14 de diciembre de 2014

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