martes, 24 de noviembre de 2015

De ida y vuelta





El otro día, tuve la suerte de poder ver el documental 'De ida y vuelta' que narra la vida de los cantantes de Rumba Tres. Muchos nativos digitales no sabrán ni de quién les estoy hablando y algunos más mayores que una servidora se acordarán de ellos, solo con leer la letra de esta canción: «No sé, no sé, no sé… qué tienen tus ojitos que me vuelven loco, que me vuelven loco...». Sí, son ellos. ¿Se acuerdan, verdad? Entré en el cine pensando que me encontraría con la típica historia retro en plan cine de barrio y salí con un nudo en la garganta. No solo narra la vida de los hermanos Joan y Pere Capdevila y su colega José Sardaña, pasando por sus grandes éxitos en el mundo, sino que viaja al fondo de su corazón hasta llegar al origen: La Prote.

La Prote fue el centro de menores de Wad-Ras, donde vivieron su infancia los hermanos Capdevila. Era una especie de cárcel para niños situado en el Poblenou de Barcelona, donde los muchachos eran humillados, mal alimentados, maltratados psicológicamente y agredidos físicamente en muchas ocasiones. La mayoría de los niños sin recursos que iban a parar a ese sitio cruel, salían convertidos en delincuentes. Llenos de rabia y de dolor contra una sociedad que les había marginado y que no les había dado el cariño que necesitaban en su infancia.

Por suerte, nuestros protagonistas, eran pobres pero tenían dos cosas muy importantes, que les salvaron de ese cruel destino. Talento para la musica y una familia que les apoyó en ese sentido. Tú ya puedes ser un crack de la pintura, que si a los 10 años, te atan las manos para que no pintes, nunca llegaras a nada en la vida. En el docu cuentan la bonita anécdota de que al morir la abuela de José Sardaña no podía tocarse música en casa porque estaban de luto, pero que su padre le dejó tocar la guitarra con un trapo para amortiguar el sonido, respetando el hecho de que el niño tenia que ensayar. Padres que dejan ser. Que no boicotean el talento de sus hijos. Como tendrían que ser todos los padres, dicho sea de paso.


El mundo está lleno de talento perdido por culpa de padres o tutores que no solamente no sacan lo mejor del niño sino que le putean. Ahora le llaman 'bullying', pero todos hemos sufrido esto en la escuela. Niños débiles a los que se les aparta y se les hace el vacío y profesores que no solamente no defienden sino que ayudan al boicot. Pero eso de La Prote, eso es otra historia. Nuestra infancia es Disneylandia en comparación.

Pero lo mejor del documental, sucedió cuando este terminó. Los tres cantantes de Rumba Tres subieron al escenario emocionados viendo cómo las 1.200 personas que había en el cine Aribau aplaudían de pie. Luego se sumaron los directores, David Casademunt y Joan Capdevila. Sorpresa al descubrir que este último es el hijo de Joan, uno de los tres rumberos. La película acaba de ganar el premio del festival In-Edit al mejor documental nacional, pero esto no es nada, comparado con el regalo que le hizo Joan a su padre. La cara de los cantantes era todo un poema e incluso su tío Pere dijo emocionado: «Ya me puedo morir». Por fin tenían el reconocimiento que tanto se merecían.


Rumba Tres es el grupo de rumba catalana más importante de la historia y el mundo les había olvidado. Pero allí estaba ese regalo, muy bien realizado por cierto, para recordar a todos quiénes fueron. El mejor regalo del mundo de la mano de su hijo y sobrino. Muy emocionante. Estoy segura de que todas las personas del cine pensamos en nuestro padre en ese momento. Y una enorme envidia nos invadió por dentro. No sé ustedes, pero yo tengo claro que te pueden dar todos los reconocimientos del mundo, que si miras a la cara de tu padre y este no está orgulloso de ti, no te valora o cree que no vales lo suficiente, se te cae el mundo encima. Tengas 7 años o 50. Y la cara de orgullo del padre de Joan era inmensa.



Ahora que hay gente que propone clases de tauromaquia, yo reivindico desde aquí, la importancia que tendrían que tener en la escuela, las clases de arte y música. Más, que las matemáticas y la química. Cualquier tonto, coge una calculadora y suma, pero no coge una guitarra y toca. ¿Por qué no enseñan esto en las escuelas? Las matemáticas nos llevan a la economía, a Wall Street, a la crisis y el arte nos lleva a la liberación del mundo, porque a través del arte podemos llegar a entender el mundo.


A esos chavales los putearon mucho de pequeños, pero recibieron el apoyo de su familia para aprender a tocar, a componer y a cantar. Aprendieron a canalizar su rabia. Y su energía negativa la transformaron en la mayor de las alegrías. ¿Habéis escuchado las canciones de Rumba Tres? ¡No hay nada mas alegre! La música claramente les salvó la vida. La música y su manera de afrontarlo todo. Como decía Vivian Greene: «La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia».

sábado, 12 de septiembre de 2015

Perros al Tren

Se acabó el verano y les tengo que decir que mi mascota y yo lo hemos pasado divinamente. Para los que no lo sepan, les diré que tengo la suerte de compartir mi vida con una perra llamada Piper. Sí, es mi compañera, mi amiga y la considero una más de la familia. Si por mí fuera, me la llevaría a todos lados, incluso a trabajar. La gente que no tiene perros, a veces no lo entiende, pero pedirme que me separe de ella en vacaciones es como decirle a una madre que deje a su hijo en una guardería todo el verano porque el niño molesta. No se ofendan, padres del mundo, muchas veces sus hijos sí molestan, y cuando lo hacen la culpa no es de ellos sino de ustedes, los padres, que los tienen muy mal educados.

Recuerdo cuando yo era pequeñita, que al entrar con un mayor en el bus o el metro, ni se me pasaba por la cabeza sentarme, y si lo hacía tenía que mirar a mi alrededor que no hubiera ninguna persona mayor cerca. Si aparecía alguna, mi madre me soltaba un codazo para que me levantara en el acto y le cediera el sitio. Ahora subes al bus y ves abuelas hechas polvo de pie, cargadas con mil bolsas, y niños de 4 años sentados cómodamente. Mi último cabreo en este sentido se produjo el otro día, cuando me levanté para que se sentara una señora y la mujer le cedió el sitio a su nieta. Me indigné tanto que no me salieron ni las palabras. Algo debió notar la mujer, que me dijo: «Es que está muy cansada del colegio». Increíble, pero cierto. Y luego me miran mal cuando subo con mi perra Piper camuflada en una mochila, porque, por lo visto, en el bus el perro es más peligroso que en el metro y lo tengo que llevar metido en una bolsa como si fuera una pitón. En el metro la dejan entrar, pero me exigen que lleve un bozal. A mi pobre perrita, a la que apenas le quedan dientes y es absolutamente inofensiva y muda.

Luego están las playas. Esos lugares llenos de arena donde los humanos pueden fumar, tirar colillas y dejar mierda por todas partes y donde mi perra no tiene derecho a bañarse porque me puede caer una buena multa. He visto niños haciendo pis en la arena ante la mirada de sus padres, que no solo no dicen nada sino que les animan a que lo hagan y luego les aplauden. Esta es otra. La tontería de alabar todo lo que hacen los niños para que tengan una buena autoestima. Está meando, señora, esto lo hace bien hasta un mono. No hace falta decirle: «¡Muy bien! ¡Bravo!». No le sube la autoestima, está creando un monstruo que se sobrevalorará en un futuro, y este es un defecto muy malo para todos.

Como no quiero multas, el tema de la playa con Piper ya lo doy por imposible. Paso de indignarme y me pillo el AVE de Barcelona a Figueres para pasar unos días con la familia. Me cobran un 25% del billete para que pueda llevar a mi perra, que no ocupa ningún sillín. Se sienta en el suelo, en el transportín o en mi regazo, pero no me quejo. Pago su billete y viajamos las dos divinamente. Pero, claro, podemos hacerlo porque mi perra no pesa más de 10 kilos.
Les explico esto porque estoy super a favor de la campaña que ha empezado Sandra Barneda (la periodista catalana) en Twitter para que se acepten perros de más de 10 kilos en la Renfe. La petición, acompañada del hashtag #Perrosaltren, busca firmas para acabar de una vez por todas con esta tontería que hace años que esta solucionada en Europa. Amsterdam, París, Bruselas, Berlín... aceptan a sus mascotas en el tren sin problemas. Y no solo Europa. EEUU y Canadá cuentan con muchas ciudades dog friendly. Mi favorita: ¡San Francisco! Tiene cinco playas, 56 parques caninos y puedes llevar el perro absolutamente a todos lados.

La prueba de que este tema preocupa, y mucho, a las familias con perros en nuestro país es que la campaña ya ha cosechado miles de firmas y la cifra va subiendo cada día. A veces pasan cosas, es cierto. A veces los animales se descontrolan o no reaccionan como nosotros pensamos. Es triste, pero ocurre. Nadie tiene la culpa, son sucesos que se dan a menudo en el mundo animal y los tenemos que aceptar. Un ejemplo reciente: el pasado 22 de agosto, en la estación de Renfe Mollet-Santa Rosa un animal mordió a un revisor. Le arrancó el lóbulo de la oreja y luego se dio a la fuga sin que nadie pudiera alcanzarlo. ¿Pesaba más de 10 kilos, se preguntarán? Pues creo que sí. Era una animal de raza… ¡humana! Como lo leen. El pobre revisor, que se encontraba solo en el momento del ataque, fue intervenido de urgencia en el hospital.

Y luego los peligrosos son los perros, ¿no? No sé lo que cobrará este pobre hombre, pero estoy segura de que no es demasiado. También estoy segura de que podríamos destinar un poco más de dinero y recursos a la seguridad en los trenes, y también creo sin ningún tipo de duda que si le proponemos al revisor un cambio de vagón para ponerlo en uno lleno de perros, no dudará ni un segundo en decir que sí.

lunes, 24 de agosto de 2015

Salir del grupo



Las energías son limitadas. Tienes que controlar muy bien con quién hablas o con quién no. Con quién te enfadas o con quién no. Aquellas reuniones de trabajo interminables para valorar qué hemos hecho bien o mal en el pasado. No hace falta valorar nada, no hace falta reunirse. Lo hecho, hecho está. Desaparece de mi vista y fin de la historia. Pues lo mismo pasa con algo que cada verano renace con una fuerza descomunal para amargarnos la vida a todos, menos a los abuelos: ¡los grupos familiares de Whatsapp! Fotos de piscinas, torres, barcos y niños que no tienes. Analicemos bien esto, por favor. ¿Realmente mandas la foto de este barco en Formentera para que tu familia se alegre o lo que quieres es fastidiar a tu cuñado, al que no soportas, o hacer sentir fatal a tus primos pobres, que cada año pasan el verano en la ciudad? Si no vas a invitarme, mejor no pongas nada, ¿no? ¿Y los niños? Es verdad que un bebé cada día aprende algo, pero eso disfrútalo tú, con tu pareja, que para eso lo has tenido. Qué me importa a mí si el pequeño Pau ya ha cagado el meconio o ha dejado de ver borroso.
En serio, hay que saber decir que no, marcharse a tiempo e intentar que nadie se ofenda. No es fácil, pero créanme, pueden hacerlo. El truco de silenciar el móvil o cambiar la configuración para que las malditas fotos no se coman toda tu memoria sirve para aguantar unos días. La prueba de que todos lo hacen es que Whatsapp ha aumentado el tiempo para estar en silencio.Antes era de una semana, y desde hace unos días ya podemos silenciar los grupos de Whatsapp… ¡un año! ¿Por algo será, no? Una solución momentánea y poco valiente. Pocos somos los que nos lanzamos a la piscina y le damos al botón que realmente importa: salir del grupo.

sábado, 22 de agosto de 2015

BLOQUEAR

            El otro día fui al estreno de una obra de teatro aburridísima con mi amigo German, y como no teníamos nada mejor que hacer ante tal espectáculo soporífero nos dedicamos a buscar entre el público a personas conocidas, con las que ya no nos apetece hablar. Nos dimos cuenta de dos cosas. La primera, que nos estamos haciendo mayores; y la segunda, que molaría un montón poder bloquear a la gente en el mundo real. ¿Por qué nos incomoda tanto saludar a alguien que nos cae mal o que nos ha hecho daño en el pasado? Lo suyo sería pasar de largo como si nada, pero una fuerza paranormal no te deja hacerlo.
Todos nos sentimos mal ante esta tensión absurda creada entre dos personas que han pasado del todo a la nada. A veces ni siquiera eso. Exjefes, examigos, exnovios o simplemente tipos que te caen fatal, que te dan pereza o que te rallan. Cuando vemos a esas personas, el espíritu de la rabia nos invade, no nos deja pasar página y deseamos con todas nuestras fuerzas que él haga lo mismo que tú y no te salude. A todos nos ha pasado esto alguna vez. El momento de cambiar de acera, agachar la cabeza, hacerte el loco y disimular para no tener que afrontar esa incómoda conversación. Pagarías millones de euros, si los tuvieras, para que Dios cogiera al personaje en cuestión y lo mandara en medio del Sáhara o de la selva amazónica durante los años que te quedan de vida. En serio, no le deseo nada malo, solo pido no tener que volver a verlo jamás.
Mi amiga Ares escribió el otro día en Twitter: «La gente débil busca venganza, la fuerte perdona y la inteligente ignora». Pues aquí les tengo que decir, señores y señoras, que yo soy débil. Débil porque no soporto encontrarme con mi ex y, como hacen la mayoría de los mortales, no dudo en darle al botón de bloquear antes que al de ignorar.

martes, 21 de julio de 2015

El conflicto del verano

Me gustaría saber dónde está escrita la ley que dice, que al dejar una toalla encima de una hamaca o una sombrilla clavada en la arena, esta te da el poder de reservar este sitio para siempre hasta que vuelvas. Sí, les estoy hablando del conflicto veraniego por excelencia. Una conflicto que divide a la humanidad en dos. Los que se creen esta estúpida teoría mas propia de niños de cinco años o los demás que somos más de 'Quien se va a Sevilla pierde su silla'. Los que vivimos el presente hasta las ultimas consecuencias o los que proyectan, planean y pretenden controlarlo todo. Estos casi siempre salen perdiendo, porque la vida, generalmente va a su bola. Las sombrillas salen volando, aparece una tormenta de verano o llega un ola en plan tsunami que lo arrastra todo.

¿De verdad vale la pena levantarse a las seis de la madrugada para pillar sitio en primera línea de mar? ¿Y si luego no te apetece ir a la playa o un amigo te invita a su piscina? A mi esto, no me parece ni normal ni sano. En algunas playas de Valencia, la guerra es tan fuerte y sucia, que ha habido incluso denuncias entre veraneantes. No se crean que eso es obra de cuatro locos. Les hablo de jubilados con mucho tiempo libre y mucha mala leche. Auténticos profesionales del tema que bajan a la playa cada día sobre las siete de la madrugada, cuando el equipo de limpieza ha terminado con sus tareas, dejan toallas, pareos, sombrillas y si pueden hamacas para reservar el máximo de playa posible. Luego, después de la gran hazaña, se marchan orgullosos a desayunar, para regresar tranquilamente con toda la familia sobre las once, triunfantes ante las miradas de rabia de los veraneantes de segunda y tercera línea de mar que no pueden disfrutar de ese lugar solo por el hecho de haber dormido un poco más.

Imaginaros si es grave el tema, que alguien ya ha creado la siguiente web: http://www.tuplayaonline.com. No es ninguna broma. Por cuatro euros al día, puedes reservar el trozo de playa que te interesa. No hace falta madrugar ni pelearse con nadie, solo hay que pagar. Pagas y tu hamaca es debidamente colocada en el lugar que has señalado. De momento, solo funciona en Valencia, pero no me extrañaría que acabara triunfando en todo el país. Y no se crean, que esto solo pasa en las playas. Para nada. El otro día, tuve la desgracia de sufrir este pequeño drama en mi simple y aburrida vida cotidiana. A falta de una segunda residencia o novio con casa en la playa, estoy apuntada en un gimnasio divino en el centro de Barcelona, con piscina exterior. Se lo pueden imaginar... Domingo, mucho calor en la ciudad condal y yo que voy directa a darme un bañito relajante y a tumbarme al sol.

Al llegar, diviso una hamaca maravillosa con una mini toalla encima. Miro a mi alrededor y observo 15 hamacas libres y solo dos personas tomado el sol. Aparto la toalla y me tumbo durante media hora. Mi primera y última media hora de relax de ese día.

Todo bien, hasta que aparece una mujer absolutamente enloquecida, como si alguien le hubiera robado... ¡el alma! Indignadísima, me exige que me levante de su hamaca. Que la tenía reservada con su minitoalla, me dice. Yo, alucinada, la miro y le contesto: "Esto no es Benidorm, ha pasado casi una hora, túmbate en otra por favor". Para nada, sirvieron mis palabras, la chica fue directa a recepción elevando el conflicto a un nivel superior. Sí, como lo leen, ¡Se fue a chivar! Para que se hagan una idea, les diré que la mujer... ¡tiene canas! No es una niñata ni nada de eso, es una señora más bien tirando a vieja. Bueno, a lo que iba, la recepcionista llega, me mira con cara de circunstancias y me dice: "Lo siento Imma, tienes que abandonar la hamaca, ella estaba antes.". El corazón me dio un vuelco. Fue un momento durísimo, difícil de olvidar. ¡No es justo! Hay mil hamacas más, que coja ella otra. ¿Qué estúpida reserva y que derecho te da una minitoalla? ¿Dónde está escrito? Claro que esto de la justicia, es una gilipollez que nos inventamos los humanos para justificar tonterías como estas, el animal de la selva ya me habría arrancado la cabeza. Pero lo gracioso vino cuando me levanté, porque al final no pude con tanto estrés y me supo mal por la chica de recepción, que no tenía ninguna culpa y es muy maja.

¿Qué hizo la mujer cuando me levanté? Tumbarse en su hamaca pensaran ustedes, ¿verdad? ¡Pues no! Dejó su toalla otra vez y... ¡se largó! No me lo podía creer. Seguí leyendo el periódico en mi nueva hamaca que era exactamente igual de cómoda que la otra, solo que estaba un metro más lejos de la piscina, cuando apareció un chico. Sin dudar ni un segundo, se sentó en la hamaca conflictiva, apartó la minitoalla y preguntó: "¿Hay alguien?". Lo miré, sonreí y evidentemente, le dije que no. Fin.


Publicado en el Periódico el domingo 19 de julio 2015

martes, 23 de junio de 2015

SÚPER ADA

Estas semanas post-elecciones nos han dejado momentos memorables y para la posteridad. Pero uno de los más criticados en las redes sociales y en el bar, fue el comentario del alcalde en funciones de Barcelona Xavier Trias, diciendo de Ada un mujer que manda la llamen mandona. O que se valore a alguien que tiene poder, porque es de carácter mandón.

a Colau: «Yo la veo una señora que es muy mandona, por tanto la veo mandando». Me repatea, me cabrea y me indigna que
Analicemos bien esto, por favor, porque tiene tela. Para empezar, a nadie se le pasa por la cabeza, decir a un señor que manda, que es mandón. Manda y punto. Dirán que tiene capacidad de mando, liderazgo, personalidad y carácter. Pero nunca dirán que es un mandón. La palabra puesta en boca de un hombre y dirigida a una mujer es totalmente despectiva. Nos viene a la cabeza, una mujer histérica, gritona, maleducada y déspota. Y yo me pregunto, ¿por qué el señor Trias, que es un hombre muy educado, que casi siempre sabe estar en su sitio, que ha perdido la alcaldía de Barcelona con una dignidad increíble, nos suelta esta perla? Yo os lo digo. Hombres del siglo pasado que no entienden que en el siglo XXI las mujeres pueden mandar igual o mejor que los hombres.
No se trata de gritar, ser prepotente o una autentica energúmena como sería el caso de Rita Barberá. Tampoco se trata de decir chorradas, una detrás de la otra, creerse la reina del mambo y comportarse como una loca al volante al estilo de Esperanza Aguirre. Se trata solo de llevar el poder de la forma más digna posible. Y no sé ustedes, pero yo a la señora Colau, a la señora Oltra y a la señora Carmena las veo unas profesionales muy serias. Y no porque sean mujeres, precisamente, me gustan porque no van de hombretones, ni nada de eso. Tampoco son unas feministas locas gritando con las bragas en la mano. Son tipas normales, de nuestro tiempo, que apoyan la igualdad entre sexos y que son mujeres y punto.

No quiero justificarlo, pero muchas veces, las mujeres tenemos que sacar más carácter al mandar, por culpa de algunos hombres. A una mujer no le molesta que la mande otra mujer, no la acompleja para nada. Pero a muchos hombres les fastidia y les cuesta asumir el rol de trabajar para una chica. Con la mujer se atreverán a cruzar un límite que con un hombre les costará más. He visto y vivido la situación en mis carnes. Ver cómo la misma persona mandada por un jefe y luego en el mismo puesto y con el mismo trabajo, por una mujer se comporta de forma completamente distinta. Los dos jefes tienen el mismo talento y la misma capacidad de mando, pero el empleado se comporta de forma distinta con ellos. A él le trata con respeto y miedo, y a ella con exceso de confianza y sin respeto alguno. Por desgracia, con esa clase de hombres, a veces una tiene que ponerse el chip de hombretón para que la respeten. Es cuando sale la mandona. Es una pena y no deberíamos hacerlo nunca, pero es difícil a veces.

Estoy hablando evidentemente de hombres acomplejados e inseguros. Luego están los normales y cada vez más habituales que saben estar en su sitio y ocupar el lugar que les corresponde. Los más jóvenes ya suben sin tanto trauma. Por eso confío en que estos comentarios y actitudes machistas formen parte del pasado y se queden allí, en el siglo XX.

No diré que no sea importante que por primera vez una mujer sea alcaldesa de una ciudad como Barcelona. Es genial, pero no es lo más importante de este nuevo mandato dirigido por la señora Colau. Os recuerdo que en Madrid, tenían a Ana Botella. Sí, aunque a muchas nos dé vergüenza reconocerlo... ¡es una mujer! Sí, una dama que lo primero que hizo al llegar al poder, fue pillarse un mayordomo para que le sirviera los cafés. En cambio, Ada Colau lo primero que hizo fue anunciar que se bajaría el sueldo. Lo importante de la nueva alcaldesa de Barcelona, aparte de su fuerte personalidad, es toda la gente que lleva detrás. Gente aparentemente normal y muy preparada. Con el tiempo, es posible que alguno se quede pillado por el efecto 'ventanilla de coche', pero eso nadie lo puede prever. Ese efecto de cuando pasamos del coche normal al coche oficial. Que nos podemos quedar pillados subiendo y bajando la ventanilla y viendo la vida a través del asiento de atrás.

Eso les pasa a algunas personas que llegan al poder y se quedan idiotizados, con tantas tonterías. Se llegan a creer que los gintónics cuestan 3,45 euros y los cafés 80 céntimos. Se olvidan para siempre del metro y se van a vivir a una nube. Yo espero que estas chicas, que son tan de verdad y tan de la calle, no entren en este oasis y olviden quiénes son. El poder del anillo es fuerte, pero confiamos en vosotras, queridas. ¡Nuestras nuevas superheroínas! Venga, no nos defraudéis. Me importa un bledo si mandas tú o manda él. Pero por favor, manda bien. Tener que decir eso en pleno siglo XXI. Manda... ¡huevos! ¿O son ovarios?

martes, 28 de abril de 2015

El Gran Título

Yo con mi primer perro

Últimamente, no sé si es porque mis amigas ya han llegado a los 40, están aburridas de levantarse los sábados al mediodía o sienten la llamada de la naturaleza, pero el caso es que han decidido ponerse a parir todas a la vez. Eso las que tienen suerte y todavía les quedan óvulos maduros, luego están las otras que los tienen congelados desde los 30 y ahora no les toca más remedio que hacer crecer el embrión. ¿Se imaginan algo más triste que estar pagando el alquiler de tus óvulos durante diez años para luego llamar a la clínica y decir que no los quieres?
–«¿Hola? Pueden tirar mis óvulos por el váter porque he decidido que paso de ser madre a los 50. Gracias».
Yo sería capaz de hacerlo. Lo que me parecía maravilloso a los 30 ahora me parece un suplicio. No es necesario que todas la mujeres creamos vida solo por el hecho de ser mujeres y tener ovarios. ¿Cuántas tenemos un horno pirolítico en casa que no sabemos ni cómo se enciende? Pues eso. No hago doradas a la sal ni tengo hijos. Pero aunque algunas lo tengamos claro, la sociedad no nos deja ser felices y no procrear con tranquilidad. Llevo una década recibiendo mensajes del estilo: «Hola, me llamo Marc y peso 3,800 kilos». La traducción literal es: «Ya he parido, he tenido un bebé y a partir partir de ahora soy superior a ti en todo». La relación con tu amiga muere el mismo día que recibes ese SMS, a veces incluso antes. Cuando empieza a hablar en semanas, monopoliza todos los temas de conversación hablando de lo fuerte que es crear vida y te enseña una ecografía que da terror. Nunca volverás a ver a tu amiga despierta, nunca volverás a ver una película de cine entera a su lado y se pasará el día paseando como un zombi de parque en parque. Ni se te ocurra llamarla después de las 9 de la noche porque no contestará.

El otro día, en el raro Viajando con Chester sin Risto, José Coronado le dijo a Pepa Bueno algo inquietante: «Si viviera otra vida, no me importaría tener una vida sin hijos. Para poder realmente buscar mi propia felicidad, no a través de otras relaciones». Me quedé de piedra. Para eso no es necesario no tener hijos, ¿no? Lo que hay que hacer es no tener relaciones de ningún tipo. Pero dudo que nadie pueda ser feliz así. La felicidad, creo humildemente, siempre depende de las relaciones con los demás; amor de pareja, de amigos, de abuelos, de hermanos, de conocidos, de perros, de gatos y si tienes hijos, pues también de hijos. Personas y animales que te hacen feliz solo existiendo. A veces, incluso te tratan mal o te decepcionan y tú a ellos, pero los quieres por encima de todo. La sociedad te aprieta cuando llegas a los 30 y te machaca otra vez cuando llegas a los 40 para que seas feliz solo a través de los hijos. No le gusta que busques alternativas diferentes o poco habituales. Les parece raro. Si eres soltera te tachan de friki y te miran con pena, pero como tengas pareja y no quieras tener bebés, entonces te convierten en una mujer desnaturalizada y egoísta que prefiere no reproducirse para poder ir al cine y salir de marcha. Tú te pones a la defensiva, les dices que eres feliz con tu perra y te tachan de loca. Pero de pronto pasa algo increíble que lo cambia todo. Alguien importante, muy importante, más importante que una amiga, te dice que va a tener un hijo. No sé como definir la sensación, pero el resumen sería que ese crío ni siquiera existe y yo ya soy más feliz. Es una felicidad como la de mi perra, que desde que la conozco, mi vida es mejor y me siento mucho mas afortunada. Les explico esto a las personas que no tienen animales y no se lo pueden creer; supongo que a mí me pasa lo mismo con los niños. Pero, de pronto, entiendo a mis examigas, tengo ganas de comprar muchos regalos, ir al parque, dejar de dormir, cantar canciones infantiles, montar en patinete y ¡saltar! La sociedad se relaja.. Se relaja porque aunque no voy a tener hijos propios, me voy a convertir en...¡tía!
Me da rabia que la sociedad me ponga etiquetas y me convierta en la tía solterona, pero pensándolo bien y muy sinceramente les digo que me gusta la idea de serlo. Me gusta ser feliz con lo que tengo y no me torturo pensando en que mi vida no se parece en nada a lo que me imaginaba de pequeñita. Comemos el tarro a los niños proyectando y ensayando cómo será el día de su boda y pensando nombres para sus futuros bebés. Luego llegan a los 40, por lo que sea no los han tenido y la frustración es máxima. Yo soy más feliz desde que vivo con mi perra y desde el momento en que acepté que no tendría hijos. Es como un clic maravilloso. Pasas del maldito reloj biológico que suena tan fuerte que no te deja vivir, a la paz más absoluta. Es como dejar de fumar. Primero te resistes, pero luego te das cuenta de que todo es mucho mejor. Hace cuatro días vivía tranquila, sin pensar demasiado en el futuro y de pronto esa llamada que lo cambia todo. Gracias hermana, por hacerme este regalo maravilloso. Regalarme el gran título y hacerme tan feliz solo con existir. ¡Nos vemos en el parque!

publicado en el Periódico de Catalunya el 26/04/15

lunes, 23 de marzo de 2015

No todas podemos ser LADY DI



Gran Hermano VIP de Tele 5 roza el 30% de cuota de pantalla. Para los que no lo sepan, les explico que se trata de un programa de televisión que nadie reconoce ver, donde un montón de famosos se meten en una casa durante un par de meses y la audiencia decide quién es el merecedor de un bonito premio de 100.000 euros. Todas las encuestas indican que ganará una mujer maleducada, gritona, inculta, agresiva, machista y que come con la boca abierta. Una de sus frases más celebres en este reality ha sido: «No voy a dejar que un hombre coja la fregona mientras haya mujeres en la casa».

Me avergüenzo como mujer y me vienen ganas de lanzar la tele por la ventana cuando oigo estas cosas, pero no crean que todas las mujeres machistas son incultas; algunas son cultas, modernas, vegetarianas y políticas de izquierdas. Les estoy hablando de Tania Sánchez: la novia de Pablo Iglesias. A ella no le gusta nada que la presenten así, pero, chica, es lo que hay. Le fastidia que la llamen «la compañera sentimental de Pablo Iglesias», y cuando le preguntan sobre su vida privada dice cosas como: «Pido un nivel mínimo de respetito por aquello de nuestra pequeña relación».

Aunque todo el mundo tiene derecho a hablar de lo que le dé la gana y dejar su vida sentimental aparcada, no entiendo por qué se pone tan a la defensiva. Ser la pareja de Pablo Iglesias la beneficia mediáticamente y tendría que estar agradecida. Sí, Tania, tu novio es un tipo inteligente, con don de palabra y posiblemente el futuro presidente del Gobierno. Y tú, en lugar de estar contenta por tenerlo de pareja, te da rabia. La verdad es que me sorprende esta actitud en una mujer. No me gusta generalizar, pero habitualmente los hombres que cobran menos que su mujer, o que tienen un trabajo inferior o menos poder, son los que acostumbran a estar más acomplejados. Incluso hay un nombre para ello: el síndrome del marido de la Thatcher. En lugar de valorar a su mujer se sienten inferiores, tienen envidia de ella y no soportan estar en segundo plano. Pero las mujeres en general (vuelvo a generalizar) no piensan así. ¿Cuántas mujeres muestran a sus maridos ricos y poderosos con orgullo? Pues la mayoría. Luego están las ultramodernas como Tania, que le dan tantas vueltas a todo que al final se convierten en lo peor de los hombres.

¿Por qué digo esto? Porque resulta que hace una semana la entrevistaron en una revista femenina en la que salió posando en un ático divino, como si fuera la mismísima Preysler. Nos habló de su pareja, de cómo se conocieron, de si viven separados, que en su casa no se come carne porque ella manda y es vegetariana, que no piensan tener hijos de momento, y entre perla y perla nos soltó este titular: «Yo no soy el pelele de mi novio». No sé a ustedes, pero mi pareja me regala esta bonita frase y lo tengo un par de días durmiendo en el sofá como mínimo.

¿Quién utiliza a Pablo Iglesias ahora? ¿Por qué Tania habla de su vida personal en una revista de mujeres? ¿Por qué se deja fotografiar en plan modelo? No demos lecciones de machismo ni de liberación de la mujer cuando luego nos vendemos y entramos en terrenos en los que no deberíamos entrar por coherencia. ¿Qué ha pasado aquí? Os lo digo con una sola palabra: vanidad.

Estoy segura de que si esta entrevista hubiera sido a otra política mujer, Tania la estaría tachando de machista.
Hay mujeres más machistas que muchos hombres, como sería el caso de Belén Esteban, y hay otras que directamente se convierten en ellos, como sería el caso de Tania. ¿Qué me diríais si Tania Sánchez fuera un hombre y Pablo Iglesias una mujer? Pues que él es un machista que no deja que su mujer crezca como persona y que no la apoya. Porque ese titular nos deja claro su complejo de inferioridad y su envidia, disfrazada de falsa admiración hacia su pareja sentimental. Una relación que tiene los días contaditos. No puedes sentir envidia de alguien a quien amas, no puedes tener el mismo trabajo que tu pareja, competir con ella y no saber reconocer quién de los dos es el que tiene más talento y más tirón mediático.

Luego están los maridos que saben estar en su sitio y que no sabemos ni cómo se llaman, como los de Angela Merkel o Esperanza Aguirre. Claro que en este caso puede que estén aterrorizados, los pobres.

Tania Sánchez tenía una carrera política antes de que su novio se convirtiera en alguien tan popular, es cierto, pero gracias a eso ella es ahora famosa. No tanto como Belén Esteban, pero tiempo al tiempo. Que algo me dice que saldrá en la tele mucho más que ella.

Y eso de que no eres un pelele en manos de tu novio, querida Tania, aquí te tengo que dar la razón. Eres un pelele en manos de tu ego, que es mucho más peligroso. Por muchos áticos, revistas y respetitos, jamás lo conseguirás. Lo siento, pero no todas podemos ser Lady Di.

publicado en el periódico de Catalunya Domingo, 22 de marzo del 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

ME GUSTA

Hace unos días, la presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género, Ángeles Carmona, hizo unas declaraciones a Radio Nacional diciendo que había que erradicar el piropo porque es «una auténtica invasión a la intimidad de la mujer». Sí, el piropo de toda la vida, aquello que pasaba antes cuando había albañiles. Ahora, con la crisis de la construcción, si quieres que alguien te piropee te tienes que subir al podio de una discoteca vestida como un zorrón, y a veces ni así. Pero parece que alguno queda, porque Ángeles está muy preocupada.
Siempre se habla de mujeres cuando se hace referencia al piropo, como si a los hombres no se les pudiera decir nada o no les gustara sentirse deseados. Una mujer, un hombre, una obra de teatro, un edificio o mi perra Piper; su belleza depende siempre de la mirada ajena para valorarla. En este mundo en el que vivimos, donde nos pasamos media vida analizándolo y valorándolo todo, lo más importante es la mirada del otro. Ya puedes estar tres horas delante del espejo para ponerte el mejor vestido del mundo, que cuando salgas de casa tendrás mil miradas sobre él. Unos dirán que es bonito, otros que es horroroso, otros que pareces una pija y otros dirán que vas muy hortera. Eso si no has hecho la foto antes y la has colgado en Instagram, Facebook o Twitter, porque entonces lo más probable es que tengas unos cuantos me gusta y algunos comentarios al respecto. Facebook dio en la clave el día que inventó el me gusta.
Como decía, nos pasamos media vida analizándolo todo, desde el primer café que tomamos por la mañana hasta el tacto de las sábanas cuando nos vamos a dormir por la noche. Y la otra media nos la pasamos criticando a lo demás. Es por eso que triunfan las redes sociales como Facebook, donde el mundo se divide claramente entre egocéntricos y voyeurs. Unos se pasan el día hablando de ellos mismos sin vivir su vida para contársela a los demás y otros se pasan el día mirando las fotos de los demás sin vivir su propia vida. Tenemos claro lo que nos gusta y lo que no, pero en este siglo XXI donde todos los me gusta son virtuales no estaría mal reivindicar el me gusta del mundo real. Que las personas se digan las cosas a la cara, que la gente hable, que la gente se comunique aunque sea a gritos, que estamos tontos con tanta tecnología y tanto teléfono móvil. Entras en el metro y todo el mundo mira al suelo. ¿De qué piropos me hablas, querida Ángeles Carmona? Si la gente sale idiotizada a la calle mirando sus tabletas y con los cascos puestos. (Yo la primera, que quede claro). No miran, no oyen, ¡no sienten!
Pero ella insiste en que «nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de la mujer». Algo que pasa continuamente y que es de lo más natural, como cuando te entra un tipo en una discoteca, alguien dice que le gusta una foto que has colgado en Instagram o recibes un corazón por el Tinder. Gustar a alguien de buenas a primeras siempre es mérito de nuestro cuerpo, que nos guste o no es nuestra primera carta de presentación. ¿Y por qué atenta contra la mujer? ¿Es que a un chico no se le puede llamar «tío bueno» si lo está?
Ángeles lo tiene claro y quiere erradicar el piropo. ¡Erradicar! Suprimir en su totalidad, eliminar, hacer desaparecer para siempre. Me gustaría saber cómo pretende hacer eso. ¿Cómo erradicar la mirada del otro? Quiero que mires pero que no digas nada, que te tragues tus palabras, tus pensamientos y tus piropos. ¡Quieto y callado! Enmudecer la alegría, el deseo y las palabras bonitas. Todo el mundo compite para tener el máximo de me gustas y comentarios en sus fotos colgadas en la red y resulta que si vamos a la calle ¿no podemos decir nada?
Yo, desde mi punto de vista como mujer y cuarentona, si alguien se desconecta un segundo de este mundo paralelo donde vivimos y le da por ver a alguien como yo y decirme algo bonito o sexi, no solamente no me voy a sentir invadida sino que se lo voy a agradecer y mucho. Hace tanto tiempo que nadie me piropea... Recuerdo uno de hace tiempo, paseaba con mi madre por el paseo de Sant Joan en Barcelona, yo tenía unos 20 años y un cuerpo de escándalo, el albañil nos vio pasar y gritó: «¡Esto es un cuerpo y no el de la policía!» Yo me giré, le sonreí y el tipo dijo: «Tú no, nena; la guapa es la señora». Les aseguro que a mi madre la alegría todavía le dura. Si eso de verdad es una invasión de la intimidad, les digo con toda sinceridad que prefiero sentirme invadida antes que invisible.

Publicado el 25 de enero del 2015 en el Periódico de Catalunya