martes, 23 de junio de 2015

SÚPER ADA

Estas semanas post-elecciones nos han dejado momentos memorables y para la posteridad. Pero uno de los más criticados en las redes sociales y en el bar, fue el comentario del alcalde en funciones de Barcelona Xavier Trias, diciendo de Ada un mujer que manda la llamen mandona. O que se valore a alguien que tiene poder, porque es de carácter mandón.

a Colau: «Yo la veo una señora que es muy mandona, por tanto la veo mandando». Me repatea, me cabrea y me indigna que
Analicemos bien esto, por favor, porque tiene tela. Para empezar, a nadie se le pasa por la cabeza, decir a un señor que manda, que es mandón. Manda y punto. Dirán que tiene capacidad de mando, liderazgo, personalidad y carácter. Pero nunca dirán que es un mandón. La palabra puesta en boca de un hombre y dirigida a una mujer es totalmente despectiva. Nos viene a la cabeza, una mujer histérica, gritona, maleducada y déspota. Y yo me pregunto, ¿por qué el señor Trias, que es un hombre muy educado, que casi siempre sabe estar en su sitio, que ha perdido la alcaldía de Barcelona con una dignidad increíble, nos suelta esta perla? Yo os lo digo. Hombres del siglo pasado que no entienden que en el siglo XXI las mujeres pueden mandar igual o mejor que los hombres.
No se trata de gritar, ser prepotente o una autentica energúmena como sería el caso de Rita Barberá. Tampoco se trata de decir chorradas, una detrás de la otra, creerse la reina del mambo y comportarse como una loca al volante al estilo de Esperanza Aguirre. Se trata solo de llevar el poder de la forma más digna posible. Y no sé ustedes, pero yo a la señora Colau, a la señora Oltra y a la señora Carmena las veo unas profesionales muy serias. Y no porque sean mujeres, precisamente, me gustan porque no van de hombretones, ni nada de eso. Tampoco son unas feministas locas gritando con las bragas en la mano. Son tipas normales, de nuestro tiempo, que apoyan la igualdad entre sexos y que son mujeres y punto.

No quiero justificarlo, pero muchas veces, las mujeres tenemos que sacar más carácter al mandar, por culpa de algunos hombres. A una mujer no le molesta que la mande otra mujer, no la acompleja para nada. Pero a muchos hombres les fastidia y les cuesta asumir el rol de trabajar para una chica. Con la mujer se atreverán a cruzar un límite que con un hombre les costará más. He visto y vivido la situación en mis carnes. Ver cómo la misma persona mandada por un jefe y luego en el mismo puesto y con el mismo trabajo, por una mujer se comporta de forma completamente distinta. Los dos jefes tienen el mismo talento y la misma capacidad de mando, pero el empleado se comporta de forma distinta con ellos. A él le trata con respeto y miedo, y a ella con exceso de confianza y sin respeto alguno. Por desgracia, con esa clase de hombres, a veces una tiene que ponerse el chip de hombretón para que la respeten. Es cuando sale la mandona. Es una pena y no deberíamos hacerlo nunca, pero es difícil a veces.

Estoy hablando evidentemente de hombres acomplejados e inseguros. Luego están los normales y cada vez más habituales que saben estar en su sitio y ocupar el lugar que les corresponde. Los más jóvenes ya suben sin tanto trauma. Por eso confío en que estos comentarios y actitudes machistas formen parte del pasado y se queden allí, en el siglo XX.

No diré que no sea importante que por primera vez una mujer sea alcaldesa de una ciudad como Barcelona. Es genial, pero no es lo más importante de este nuevo mandato dirigido por la señora Colau. Os recuerdo que en Madrid, tenían a Ana Botella. Sí, aunque a muchas nos dé vergüenza reconocerlo... ¡es una mujer! Sí, una dama que lo primero que hizo al llegar al poder, fue pillarse un mayordomo para que le sirviera los cafés. En cambio, Ada Colau lo primero que hizo fue anunciar que se bajaría el sueldo. Lo importante de la nueva alcaldesa de Barcelona, aparte de su fuerte personalidad, es toda la gente que lleva detrás. Gente aparentemente normal y muy preparada. Con el tiempo, es posible que alguno se quede pillado por el efecto 'ventanilla de coche', pero eso nadie lo puede prever. Ese efecto de cuando pasamos del coche normal al coche oficial. Que nos podemos quedar pillados subiendo y bajando la ventanilla y viendo la vida a través del asiento de atrás.

Eso les pasa a algunas personas que llegan al poder y se quedan idiotizados, con tantas tonterías. Se llegan a creer que los gintónics cuestan 3,45 euros y los cafés 80 céntimos. Se olvidan para siempre del metro y se van a vivir a una nube. Yo espero que estas chicas, que son tan de verdad y tan de la calle, no entren en este oasis y olviden quiénes son. El poder del anillo es fuerte, pero confiamos en vosotras, queridas. ¡Nuestras nuevas superheroínas! Venga, no nos defraudéis. Me importa un bledo si mandas tú o manda él. Pero por favor, manda bien. Tener que decir eso en pleno siglo XXI. Manda... ¡huevos! ¿O son ovarios?

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