martes, 21 de julio de 2015

El conflicto del verano

Me gustaría saber dónde está escrita la ley que dice, que al dejar una toalla encima de una hamaca o una sombrilla clavada en la arena, esta te da el poder de reservar este sitio para siempre hasta que vuelvas. Sí, les estoy hablando del conflicto veraniego por excelencia. Una conflicto que divide a la humanidad en dos. Los que se creen esta estúpida teoría mas propia de niños de cinco años o los demás que somos más de 'Quien se va a Sevilla pierde su silla'. Los que vivimos el presente hasta las ultimas consecuencias o los que proyectan, planean y pretenden controlarlo todo. Estos casi siempre salen perdiendo, porque la vida, generalmente va a su bola. Las sombrillas salen volando, aparece una tormenta de verano o llega un ola en plan tsunami que lo arrastra todo.

¿De verdad vale la pena levantarse a las seis de la madrugada para pillar sitio en primera línea de mar? ¿Y si luego no te apetece ir a la playa o un amigo te invita a su piscina? A mi esto, no me parece ni normal ni sano. En algunas playas de Valencia, la guerra es tan fuerte y sucia, que ha habido incluso denuncias entre veraneantes. No se crean que eso es obra de cuatro locos. Les hablo de jubilados con mucho tiempo libre y mucha mala leche. Auténticos profesionales del tema que bajan a la playa cada día sobre las siete de la madrugada, cuando el equipo de limpieza ha terminado con sus tareas, dejan toallas, pareos, sombrillas y si pueden hamacas para reservar el máximo de playa posible. Luego, después de la gran hazaña, se marchan orgullosos a desayunar, para regresar tranquilamente con toda la familia sobre las once, triunfantes ante las miradas de rabia de los veraneantes de segunda y tercera línea de mar que no pueden disfrutar de ese lugar solo por el hecho de haber dormido un poco más.

Imaginaros si es grave el tema, que alguien ya ha creado la siguiente web: http://www.tuplayaonline.com. No es ninguna broma. Por cuatro euros al día, puedes reservar el trozo de playa que te interesa. No hace falta madrugar ni pelearse con nadie, solo hay que pagar. Pagas y tu hamaca es debidamente colocada en el lugar que has señalado. De momento, solo funciona en Valencia, pero no me extrañaría que acabara triunfando en todo el país. Y no se crean, que esto solo pasa en las playas. Para nada. El otro día, tuve la desgracia de sufrir este pequeño drama en mi simple y aburrida vida cotidiana. A falta de una segunda residencia o novio con casa en la playa, estoy apuntada en un gimnasio divino en el centro de Barcelona, con piscina exterior. Se lo pueden imaginar... Domingo, mucho calor en la ciudad condal y yo que voy directa a darme un bañito relajante y a tumbarme al sol.

Al llegar, diviso una hamaca maravillosa con una mini toalla encima. Miro a mi alrededor y observo 15 hamacas libres y solo dos personas tomado el sol. Aparto la toalla y me tumbo durante media hora. Mi primera y última media hora de relax de ese día.

Todo bien, hasta que aparece una mujer absolutamente enloquecida, como si alguien le hubiera robado... ¡el alma! Indignadísima, me exige que me levante de su hamaca. Que la tenía reservada con su minitoalla, me dice. Yo, alucinada, la miro y le contesto: "Esto no es Benidorm, ha pasado casi una hora, túmbate en otra por favor". Para nada, sirvieron mis palabras, la chica fue directa a recepción elevando el conflicto a un nivel superior. Sí, como lo leen, ¡Se fue a chivar! Para que se hagan una idea, les diré que la mujer... ¡tiene canas! No es una niñata ni nada de eso, es una señora más bien tirando a vieja. Bueno, a lo que iba, la recepcionista llega, me mira con cara de circunstancias y me dice: "Lo siento Imma, tienes que abandonar la hamaca, ella estaba antes.". El corazón me dio un vuelco. Fue un momento durísimo, difícil de olvidar. ¡No es justo! Hay mil hamacas más, que coja ella otra. ¿Qué estúpida reserva y que derecho te da una minitoalla? ¿Dónde está escrito? Claro que esto de la justicia, es una gilipollez que nos inventamos los humanos para justificar tonterías como estas, el animal de la selva ya me habría arrancado la cabeza. Pero lo gracioso vino cuando me levanté, porque al final no pude con tanto estrés y me supo mal por la chica de recepción, que no tenía ninguna culpa y es muy maja.

¿Qué hizo la mujer cuando me levanté? Tumbarse en su hamaca pensaran ustedes, ¿verdad? ¡Pues no! Dejó su toalla otra vez y... ¡se largó! No me lo podía creer. Seguí leyendo el periódico en mi nueva hamaca que era exactamente igual de cómoda que la otra, solo que estaba un metro más lejos de la piscina, cuando apareció un chico. Sin dudar ni un segundo, se sentó en la hamaca conflictiva, apartó la minitoalla y preguntó: "¿Hay alguien?". Lo miré, sonreí y evidentemente, le dije que no. Fin.


Publicado en el Periódico el domingo 19 de julio 2015

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