martes, 24 de noviembre de 2015

De ida y vuelta





El otro día, tuve la suerte de poder ver el documental 'De ida y vuelta' que narra la vida de los cantantes de Rumba Tres. Muchos nativos digitales no sabrán ni de quién les estoy hablando y algunos más mayores que una servidora se acordarán de ellos, solo con leer la letra de esta canción: «No sé, no sé, no sé… qué tienen tus ojitos que me vuelven loco, que me vuelven loco...». Sí, son ellos. ¿Se acuerdan, verdad? Entré en el cine pensando que me encontraría con la típica historia retro en plan cine de barrio y salí con un nudo en la garganta. No solo narra la vida de los hermanos Joan y Pere Capdevila y su colega José Sardaña, pasando por sus grandes éxitos en el mundo, sino que viaja al fondo de su corazón hasta llegar al origen: La Prote.

La Prote fue el centro de menores de Wad-Ras, donde vivieron su infancia los hermanos Capdevila. Era una especie de cárcel para niños situado en el Poblenou de Barcelona, donde los muchachos eran humillados, mal alimentados, maltratados psicológicamente y agredidos físicamente en muchas ocasiones. La mayoría de los niños sin recursos que iban a parar a ese sitio cruel, salían convertidos en delincuentes. Llenos de rabia y de dolor contra una sociedad que les había marginado y que no les había dado el cariño que necesitaban en su infancia.

Por suerte, nuestros protagonistas, eran pobres pero tenían dos cosas muy importantes, que les salvaron de ese cruel destino. Talento para la musica y una familia que les apoyó en ese sentido. Tú ya puedes ser un crack de la pintura, que si a los 10 años, te atan las manos para que no pintes, nunca llegaras a nada en la vida. En el docu cuentan la bonita anécdota de que al morir la abuela de José Sardaña no podía tocarse música en casa porque estaban de luto, pero que su padre le dejó tocar la guitarra con un trapo para amortiguar el sonido, respetando el hecho de que el niño tenia que ensayar. Padres que dejan ser. Que no boicotean el talento de sus hijos. Como tendrían que ser todos los padres, dicho sea de paso.


El mundo está lleno de talento perdido por culpa de padres o tutores que no solamente no sacan lo mejor del niño sino que le putean. Ahora le llaman 'bullying', pero todos hemos sufrido esto en la escuela. Niños débiles a los que se les aparta y se les hace el vacío y profesores que no solamente no defienden sino que ayudan al boicot. Pero eso de La Prote, eso es otra historia. Nuestra infancia es Disneylandia en comparación.

Pero lo mejor del documental, sucedió cuando este terminó. Los tres cantantes de Rumba Tres subieron al escenario emocionados viendo cómo las 1.200 personas que había en el cine Aribau aplaudían de pie. Luego se sumaron los directores, David Casademunt y Joan Capdevila. Sorpresa al descubrir que este último es el hijo de Joan, uno de los tres rumberos. La película acaba de ganar el premio del festival In-Edit al mejor documental nacional, pero esto no es nada, comparado con el regalo que le hizo Joan a su padre. La cara de los cantantes era todo un poema e incluso su tío Pere dijo emocionado: «Ya me puedo morir». Por fin tenían el reconocimiento que tanto se merecían.


Rumba Tres es el grupo de rumba catalana más importante de la historia y el mundo les había olvidado. Pero allí estaba ese regalo, muy bien realizado por cierto, para recordar a todos quiénes fueron. El mejor regalo del mundo de la mano de su hijo y sobrino. Muy emocionante. Estoy segura de que todas las personas del cine pensamos en nuestro padre en ese momento. Y una enorme envidia nos invadió por dentro. No sé ustedes, pero yo tengo claro que te pueden dar todos los reconocimientos del mundo, que si miras a la cara de tu padre y este no está orgulloso de ti, no te valora o cree que no vales lo suficiente, se te cae el mundo encima. Tengas 7 años o 50. Y la cara de orgullo del padre de Joan era inmensa.



Ahora que hay gente que propone clases de tauromaquia, yo reivindico desde aquí, la importancia que tendrían que tener en la escuela, las clases de arte y música. Más, que las matemáticas y la química. Cualquier tonto, coge una calculadora y suma, pero no coge una guitarra y toca. ¿Por qué no enseñan esto en las escuelas? Las matemáticas nos llevan a la economía, a Wall Street, a la crisis y el arte nos lleva a la liberación del mundo, porque a través del arte podemos llegar a entender el mundo.


A esos chavales los putearon mucho de pequeños, pero recibieron el apoyo de su familia para aprender a tocar, a componer y a cantar. Aprendieron a canalizar su rabia. Y su energía negativa la transformaron en la mayor de las alegrías. ¿Habéis escuchado las canciones de Rumba Tres? ¡No hay nada mas alegre! La música claramente les salvó la vida. La música y su manera de afrontarlo todo. Como decía Vivian Greene: «La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia».

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