lunes, 24 de agosto de 2015

Salir del grupo



Las energías son limitadas. Tienes que controlar muy bien con quién hablas o con quién no. Con quién te enfadas o con quién no. Aquellas reuniones de trabajo interminables para valorar qué hemos hecho bien o mal en el pasado. No hace falta valorar nada, no hace falta reunirse. Lo hecho, hecho está. Desaparece de mi vista y fin de la historia. Pues lo mismo pasa con algo que cada verano renace con una fuerza descomunal para amargarnos la vida a todos, menos a los abuelos: ¡los grupos familiares de Whatsapp! Fotos de piscinas, torres, barcos y niños que no tienes. Analicemos bien esto, por favor. ¿Realmente mandas la foto de este barco en Formentera para que tu familia se alegre o lo que quieres es fastidiar a tu cuñado, al que no soportas, o hacer sentir fatal a tus primos pobres, que cada año pasan el verano en la ciudad? Si no vas a invitarme, mejor no pongas nada, ¿no? ¿Y los niños? Es verdad que un bebé cada día aprende algo, pero eso disfrútalo tú, con tu pareja, que para eso lo has tenido. Qué me importa a mí si el pequeño Pau ya ha cagado el meconio o ha dejado de ver borroso.
En serio, hay que saber decir que no, marcharse a tiempo e intentar que nadie se ofenda. No es fácil, pero créanme, pueden hacerlo. El truco de silenciar el móvil o cambiar la configuración para que las malditas fotos no se coman toda tu memoria sirve para aguantar unos días. La prueba de que todos lo hacen es que Whatsapp ha aumentado el tiempo para estar en silencio.Antes era de una semana, y desde hace unos días ya podemos silenciar los grupos de Whatsapp… ¡un año! ¿Por algo será, no? Una solución momentánea y poco valiente. Pocos somos los que nos lanzamos a la piscina y le damos al botón que realmente importa: salir del grupo.

sábado, 22 de agosto de 2015

BLOQUEAR

            El otro día fui al estreno de una obra de teatro aburridísima con mi amigo German, y como no teníamos nada mejor que hacer ante tal espectáculo soporífero nos dedicamos a buscar entre el público a personas conocidas, con las que ya no nos apetece hablar. Nos dimos cuenta de dos cosas. La primera, que nos estamos haciendo mayores; y la segunda, que molaría un montón poder bloquear a la gente en el mundo real. ¿Por qué nos incomoda tanto saludar a alguien que nos cae mal o que nos ha hecho daño en el pasado? Lo suyo sería pasar de largo como si nada, pero una fuerza paranormal no te deja hacerlo.
Todos nos sentimos mal ante esta tensión absurda creada entre dos personas que han pasado del todo a la nada. A veces ni siquiera eso. Exjefes, examigos, exnovios o simplemente tipos que te caen fatal, que te dan pereza o que te rallan. Cuando vemos a esas personas, el espíritu de la rabia nos invade, no nos deja pasar página y deseamos con todas nuestras fuerzas que él haga lo mismo que tú y no te salude. A todos nos ha pasado esto alguna vez. El momento de cambiar de acera, agachar la cabeza, hacerte el loco y disimular para no tener que afrontar esa incómoda conversación. Pagarías millones de euros, si los tuvieras, para que Dios cogiera al personaje en cuestión y lo mandara en medio del Sáhara o de la selva amazónica durante los años que te quedan de vida. En serio, no le deseo nada malo, solo pido no tener que volver a verlo jamás.
Mi amiga Ares escribió el otro día en Twitter: «La gente débil busca venganza, la fuerte perdona y la inteligente ignora». Pues aquí les tengo que decir, señores y señoras, que yo soy débil. Débil porque no soporto encontrarme con mi ex y, como hacen la mayoría de los mortales, no dudo en darle al botón de bloquear antes que al de ignorar.