lunes, 8 de agosto de 2016

ETERNO DOMINGO

Para un soltero, las vacaciones son como un eterno domingo. Te alquilas un apartamento en la playa, con la idea de desconectar. Te das cuenta del error cuando llevas una semana y tienes la sensación de que ha pasado un año. ¡Relájate y disfruta! Te dicen tus amigos con niños y familia. Soy soltera, descanso y duermo lo que me da la gana durante el año. Supongo que por eso no valoro tanto el descanso vacacional. Si a eso sumamos, que me he pillado un apartamento sin wifi y que he dejado mi ordenador portátil en Barcelona, pues el resultado es que me subo por las paredes. En una semana mi móvil ya no tiene gigas y he cazado todos los pokémons que un ser humano puede soportar.
Estoy tirada en la playa mirando los mails en mi iPhone, cuando en la bandeja de entrada aparece un mensaje nuevo pidiéndome un artículo para este diario. Un regalazo contra mi aburrimiento. Pero entonces, me acuerdo de mi estúpido plan de desconexión y pienso ¿cómo y dónde lo escribo? Tengo una libreta y un boli, creo que me acuerdo de cómo funcionaba esto. Pero como no tengo palomas mensajeras, hay que buscar la manera de pasarlo a un ordenador y mandar un mail, porque tengo demasiada presbicia como para escribir directamente al teléfono.
Paseando por el pueblo encuentro un lugar llamado Wifi Bar Playa. Un bar lleno de ordenadores del siglo pasado conectados a una máquina para tirar monedas. 10 minutos por 50 céntimos. Un sudor frío invade mi cuerpo, pienso en mi maravilloso Mac castigado en Barcelona. Pongo los dedos encima del ordenador del pleistoceno y me digo: "A por ello". No puede ser tan difícil. La verdad es que de momento es lo más emocionante que me ha pasado este verano. Me doy cuenta de que me gusta mi trabajo y que hay dos cosas en la vida por las que vale la pena luchar: el wifi y el aire acondicionado. Sin ellos, las vida no tiene ningún sentido.

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