sábado, 23 de abril de 2016

LA CAJA DE LA MEDIOCRIDAD


Me pongo a escribir este artículo y por primera vez en mucho tiempo no sé muy bien qué decir. No es que no tenga nada que decir, todo lo contrario, tengo muchas cosas que decir. Demasiadas. Arden dentro de mi como si fuera la teniente Ripley con un alien a punto de salir. La semana pasada, acabó de forma inesperada un programa que hacía en la tele local de Barcelona. Pero que nadie se alarme, ni pienso contar nada ni pienso hacer el típico artículo de presentador resentido. Teniendo en cuenta los tiempos que corren, hacer el mismo programa durante casi un año ya me parece un milagro.
También estoy harta, igual que ustedes, de los presentadores que se quedan sin programa y montan unos pollos escandalosos en los otros medios donde trabajan. A la gente le importa una rábano y les entiendo. A mí también. En el mundo hay problemas más importantes que si Bertin Osborne deja su programa o Mila Ximénez abandona 'Sálvame'. Parada, Barneda, Arús o Buenafuente. Nadie se libra del cierre de su programa. Es algo, que tarde o temprano acaba pasando. A unos les dura tres días y a otros tres años, pero el fin siempre llega.

MÁS CENSURA Y MENOS CREATIVIDAD

La televisión es un monstruo en fase de desaparición difícil de entender y si la televisión es pública, ya ni os cuento. Vamos claramente para atrás. Supongo que lo que era la tele en el siglo XX, es ahora internet. Les estoy hablando de libertad. Sí, amigos, era más libre y más feliz haciendo tele en los años 90 que ahora. Me voy haciendo mayor y cada vez tengo menos libertad para decir lo que me da la gana. Más censura y menos creatividad
La poca libertad que nos queda está en Twitter, en Facebook, en el mundo virtual donde podemos desatar nuestra ironía, nuestro humor, nuestra mala leche sin que nadie nos censure. No cobramos, es cierto, pero somos felices. También están las páginas de opinión de algunos periódicos como este, que me dejan ser yo misma y hablar sin tapujos. Pero yo les hablo de la televisión. Antes era la caja tonta y ahora es la caja de la mediocridad. Porque ahora lo nuevo, lo fresco y lo joven está en las redes. En la tele ya no queda nada que nos pueda sorprender.

LA CENSURA DEL MIEDO A CAUSA DE LA CRISIS

Una de las causas de la censura de este siglo creo que es el miedo. Antes no teníamos miedo de nada. Si nos echaban de un trabajo teníamos otro, si nos bajaban el sueldo injustamente nos quejábamos y nos escuchaban. Ahora, con la crisis, andamos todos acojonados. A mi me han bajado el sueldo dos veces en el último año y sin ninguna justificación. Pero como hay crisis, pues te callas. Una crisis que les va muy bien a los que mandan. Pero que también les contamina a la hora de tomar decisiones. ¿A quien le daría usted un programa si fuera jefe de programas? ¿A una productora pequeñita y humilde o a una de muy importante que le pueda dar trabajo en un futuro? Pues eso.
Luego están los enchufados. Que se agarran a los puestos de trabajo como garrapatas. Como decía Orson Welles en 'Ciudadado Kane': «No es tan difícil hacer dinero cuando es solo hacer dinero lo que se pretende». Sí, amigos, la tele no se salva de enchufismos, amiguismos ni favores. Es oscura y corrupta como todo lo demás. Y si tienes algún escrúpulo, te cuesta lidiar con todo esto. Pero bueno, ¿no os estoy contando nada bueno verdad? Ya os lo he dicho, hoy no tengo mucho que decir.

UN SITIO FRÍO, ANTINATURAL Y MEDIOCRE

Volviendo a los presentadores, algunos se dejan influenciar demasiado por el dinero y el miedo. Cobran pastas desorbitadas y se ensucian las manos de tal forma, que luego resulta imposible tirar para atrás. Luego pasa lo que pasa y nos preguntamos cómo algunos periodistas se han vendido haciendo productos que no se creen ni ellos. Cómo se rodean de tanta mediocridad. Yo os lo digo y la palabra es muy simple: hambre. Por eso, yo soy tan feliz. Porque tengo comida de sobras. Y si lo que hago no me gusta o me parece injusto, me levanto y me voy.
De pequeña, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre decía lo mismo: mayor, para marcharme de los sitios cuando quiera. Y no he dejado de hacerlo desde que cumplí los 18 años y créanme, me va bastante bien. No todo es la televisión y no todo vale. Mi querida caja tonta, te has convertido en un sitio frío, antinatural y mediocre.
Y cuando parecía que nada podía ser mas gris en esta semana oscura que me ha tocado vivir, va y se nos muere Carles Flavià. Un tipo que en los años 90 hacía un programa de televisión que ahora estaría totalmente censurado. Su muerte me ha caído como un rayo en la cabeza. Es el fin de una era. La muerte del humor, el sarcasmo, la mala leche y la verdad. ¡Carles era tan de verdad! La que deben estar liando ahora con Rubianes estén donde estén. Me queda el consuelo de pensar que se estarán cagando en todo, como siempre han hecho. Libres. Suerte que no nacieron ahora, estarían en la cárcel.